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sábado, 6 de octubre de 2012

El nacimiento de la República Popular de la Antártida


Hace mucho tiempo, diez Navidades para ser concretos, tuve los Reyes más literarios que recuerdo. Sucedió que entré en una librería –no daré nombres, aunque es de sobras conocida– y comencé a apuntar en una lista todos los títulos que me llamaban la atención. Se contaban por decenas. Pues bien, el día seis de enero me los encontré todos, lo cual, desde luego, anulaba la sorpresa cuando ya iba por el duodécimo paquete que abría. Aún hoy arrastro ciertos títulos pendientes de leer que, con toda probabilidad, se llevarán unos cuantos meses más amarilleando en las estanterías. He de reconocer que no anduve demasiado fino en la elección de mis propias lecturas; se trataban de otros tiempos, era joven e inexperto. En fin.

Intenté leer uno de aquellos títulos cuatro años después de recibirlo como regalo y desistí a las cincuenta o sesenta páginas. Se trataba de El nacimiento de la República Popular de la Antártida, de John Calvin Batchelor. Seis años más tarde, en el presente, lo aceché como un depredador y me dispuse a hincarle el diente, confiando en que esta madurez que me va embargando conseguiría modificar el prisma desde el cual lo había visualizado en su momento. La ilusión me duró sólo cincuenta páginas más que entonces, pero lo terminé por mis santas p*l*tas, después de haber probado a leer este libro en todas las posturas y situaciones imaginables, salvo bajo la ducha, sin lograr cogerle el gusto.

miércoles, 1 de agosto de 2012

Mecanoescrito del segundo origen


Los últimos acontecimientos a nivel mundial nos demuestran que, si no ponemos remedio, nos acercamos a una nueva Edad Media: unos cuantos privilegiados manejan la riqueza y el poder, mientras que otros tienen el privilegio de trabajar por un salario, y una gran parte es la que pide limosna y se muere de hambre. El oscurantismo y la superstición disfrazados de economía global sumen a la sociedad en una absoluta pérdida de valores: lo que importa es salvar el culo, pisotear a los demás si es preciso. Internet ha provocado una apoplejía en los cerebros de la mayoría silenciosa cuyo modo de protesta se produce desde el sofá, con la boca cerrada y haciendo clic en "me gusta". Pero no contentos con eso, nos convertimos en la mayor plaga que afecta a nuestro hogar: el planeta se resiente y se calienta, los recursos escasean, la biodiversidad está en peligro, los bosques arden, afloran las medusas en el mar y los desiertos en la tierra. Comentarios del tipo "el mundo se va a la mierda" están a la orden del día. Así pues, parece un escenario perfecto para derribar hasta los cimientos y comenzar desde cero. Un renacimiento, un segundo origen. Pero ¿cuál podría ser el acto final que la Humanidad se merece? ¿Quiénes deberían ser los elegidos para empezar desde casi cero y volver a repoblar el planeta, si es que realmente nos merecemos una segunda, o tercera, oportunidad?

viernes, 20 de julio de 2012

El mapa del tiempo


Cuando aún cabalgaba entre la infancia y la pubertad, cayó en mis manos una serie de clásicos de la literatura universal adaptados para niños. No eran más que reducidas versiones de sus hermanos mayores, de apenas ciento veinte páginas y con ilustraciones, pero que bastaron para despertar en mí la sed de aventuras. Gracias a estas adaptaciones me sumergí en los mundos de Veinte mil leguas de viaje submarino, La isla del tesoro, Las minas del Rey Salomón, El hombre invisible, La máquina del tiempo y muchas otras joyas.

Casi dos décadas después, hace ahora apenas cuatro meses, leí un artículo donde se hacía eco de la nueva novela de Félix J. Palma, El mapa del cielo, la cual, decía el periodista, era la continuación de una serie victoriana que rendía homenaje a uno de los padres de la ciencia ficción, Herbert George Wells, y que venía firmada por la pluma de uno de los más prometedores escritores del panorama español. En el caso de la obra recién publicada, homenajeaba a La guerra de los mundos; en cuanto a la primera, publicada hace cuatro años y aclamada por crítica y público, reverenciaba a La máquina del tiempo. Esto despertó mi curiosidad y dos semanas después ya había comprado la primera novela, El mapa del tiempo, XL premio Ateneo de Sevilla, que permaneció en mi estantería hasta que decidí leerla y disfrutarla.

Y mi conclusión es que el homenaje resulta a medias, unas veces debido al autor, otras, al editor, y otras, la verdad, debido a las expectativas depositadas.