Los últimos acontecimientos a nivel mundial nos demuestran que, si no ponemos remedio, nos acercamos a una nueva Edad Media: unos cuantos privilegiados manejan la riqueza y el poder, mientras que otros tienen el privilegio de trabajar por un salario, y una gran parte es la que pide limosna y se muere de hambre. El oscurantismo y la superstición disfrazados de economía global sumen a la sociedad en una absoluta pérdida de valores: lo que importa es salvar el culo, pisotear a los demás si es preciso. Internet ha provocado una apoplejía en los cerebros de la mayoría silenciosa cuyo modo de protesta se produce desde el sofá, con la boca cerrada y haciendo clic en "me gusta". Pero no contentos con eso, nos convertimos en la mayor plaga que afecta a nuestro hogar: el planeta se resiente y se calienta, los recursos escasean, la biodiversidad está en peligro, los bosques arden, afloran las medusas en el mar y los desiertos en la tierra. Comentarios del tipo "el mundo se va a la mierda" están a la orden del día. Así pues, parece un escenario perfecto para derribar hasta los cimientos y comenzar desde cero. Un renacimiento, un segundo origen. Pero ¿cuál podría ser el acto final que la Humanidad se merece? ¿Quiénes deberían ser los elegidos para empezar desde casi cero y volver a repoblar el planeta, si es que realmente nos merecemos una segunda, o tercera, oportunidad?
miércoles, 1 de agosto de 2012
Mecanoescrito del segundo origen
lunes, 9 de julio de 2012
Las brujas de Arnes
Cuando, ya hace unos meses, mi madre me anunció la compra de un libro "muy especial" –encontrado en una librería pequeña, de un pueblo pequeño del Matarraña y firmado por el mismo autor, por pura casualidad-, no di mucha importancia a sus palabras. Me encontraba en mitad de curso, con muchas tareas acumuladas y apuntes que estudiar y, su razón, acertada como siempre, no me produjo ninguna reacción más productiva que un leve movimiento de cabeza, que intentó simular un asentimiento.
Pero el curso acabó y llegó Sant Joan. Personalmente -y a pesar de los cohetes-, tengo una predilección especial a esta festividad, así que decidí pasar ese fin de semana con mi familia. De esta manera fue como me reencontré con el libro: lo vi, de refilón, en la estantería de mi habitación -la que aguanta el peso de tantas historias- dispuesto, estratégicamente, entre los míos.
Lo cogí y susurré "Les bruixes d'Arnes...". Con un impulso y, sin ni siquiera leer la contracubierta, me lo puse en el bolso. Sin saberlo, emprendí un viaje del que nunca querría regresar. Y es que la historia que narra David Martí en esta obra me ha llegado hasta las profundidades del alma, reconectando cantidad de hilitos que arrastraba –que muchas mujeres arrastramos- y que, hasta este momento, no podía comprender.

